El comisario pontificio Jordi Bertomeu, junto a los cardenales Carlos Castillo y Pedro Barreto, encabezó este sábado una misa de reparación en la parroquia San Juan Bautista de Catacaos, en Piura, con el objetivo de pedir perdón a las comunidades campesinas del pueblo originario Tallán por los agravios sufridos a manos del Sodalicio de Vida Cristiana.
La ceremonia se realizó como respuesta a una solicitud formal de los comuneros ante las denuncias de despojo de aproximadamente 10 000 hectáreas de terreno, hostigamiento y criminalización por parte de empresas vinculadas a la organización religiosa disuelta.
Durante el acto litúrgico, que contó con la presencia de autoridades eclesiásticas, políticas y representantes de derechos humanos, se rindió homenaje a los campesinos fallecidos en la lucha por sus tierras y se enfatizó la necesidad de una justicia efectiva que acompañe el perdón institucional.
El enviado especial del Vaticano reconoció durante la homilía que la intervención de la Iglesia ha sido tardía frente al sufrimiento de las familias de Piura que fueron afectadas por el grupo fundado por Luis Fernando Figari. Bertomeu subrayó que este gesto simbólico busca iniciar un camino de verdad y reconciliación que debió empezar hace mucho tiempo.
"Hoy estamos aquí para pedirles perdón en nombre de la Iglesia. Hemos llegado tarde, tendríamos que haber llegado hace 20 años y lo sentimos de verdad. Discúlpennos, ofrézcanos vuestro perdón", expresó el comisario pontificio Jordi Bertomeu en la misa que fue transmitida por las redes sociales de la Conferencia Episcopal Peruana.
Por su parte, el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, manifestó que la presencia de la alta jerarquía católica en Catacaos responde a una voluntad de conversión iniciada por el papa Francisco y continuada por el papa León XIV. Castillo hizo hincapié en que los actos cometidos por el Sodalicio representaron una deshonra para la institución que ahora buscan enmendar a través de la solidaridad y el reconocimiento del dolor ajeno.
"Venimos solidariamente con ustedes disponiéndonos a no solamente pedirles perdón a nombre de la iglesia, porque un grupo de iglesia ha sido el que ha creado el problema que ustedes viven inclusive hasta hoy, sino también a comprometernos a renovar la iglesia", señaló el cardenal Carlos Castillo.
Durante la celebración, se enfatizó que el perdón no es completo si no se acompaña de acciones concretas para devolver lo que fue arrebatado a los comuneros. Los representantes eclesiásticos hicieron referencia a la doctrina ética que exige resarcir los daños de manera integral, especialmente en casos de expropiación de bienes y vulneración de derechos humanos básicos.
"Quien destruye, quien mata, quién expropia lo que no es suyo tiene deber de restitución infinita. Restitución infinita significa que puede ser que leguleyamente tenga ahora su estatus, ya se hayan apoderado de todo, pero moralmente, éticamente, cristianamente todavía tiene que parar", sostuvo el representante del Vaticano.
El cardenal Castillo también advirtió sobre el peligro de la "autocondena" para aquellos que, habiendo causado daño, se mantienen indiferentes y no proceden a la reparación de sus faltas. En ese sentido, la Iglesia planteó que recordar lo sucedido no busca la venganza, sino la corrección de conductas de quienes se han creído por encima de la condición humana.
"Han pasado más de 15 años de la terrible experiencia que ustedes vivieron y no se pudo olvidar y no debemos olvidarlo, pero debemos saber recordar para corregir y no solamente para corregir nosotros porque todos somos pecadores, sino para ayudar a corregir a personas que se creen incorregibles", puntualizó el arzobispo de Lima.
La congresista Ruth Luque participó en el evento y destacó que, si bien el gesto de la Iglesia es fundamental para la sanación simbólica, el Estado peruano todavía tiene una deuda de justicia con los pueblos indígenas. Luque señaló que muchos líderes y periodistas aún enfrentan procesos judiciales y amenazas por defender el patrimonio territorial de las comunidades.
Al finalizar la ceremonia, se anunció que este encuentro en Catacaos es el punto de partida de un proceso más amplio para visibilizar a los pueblos originarios de la costa, sierra y selva del Perú. La Iglesia busca que la sabiduría de las comunidades sencillas guíe la regeneración de la sociedad, alejándose de los intereses económicos que han fomentado conflictos y despojos en la región de Piura y el resto del país.
